Seguro que te ha pasado.

Estás en mitad de un ejercicio, intentando controlar el Reformer, colocar bien la espalda, mantener las piernas donde toca y recordar qué tienes que hacer con los brazos cuando, de repente, escuchas:

“Inhala…”

Y unos segundos después:

“Ahora exhala…”

Y tú bastante tienes con mantenerlo todo bajo control como para pensar también en respirar…

Pero hay una razón por la que tu instructor insiste tanto.

En Pilates, la respiración no es simplemente algo que hacemos mientras nos movemos. Forma parte del movimiento.

Y aprender a utilizarla puede cambiar muchísimo la manera en la que haces Pilates y, sobre todo, cómo sientes tu cuerpo.

Respiramos todo el día, pero no siempre respiramos bien

Respirar es automático. No tenemos que pensar en ello para hacerlo.

Pero eso no significa que siempre respiremos de la mejor manera.

Piensa en un día de estrés.

Horas delante del ordenador. Una reunión detrás de otra. El móvil. Las prisas. Llegar a todo.

Sin darte cuenta, tu respiración puede hacerse más corta y superficial. Los hombros empiezan a subir y aparecen tensiones en el cuello o la parte superior de la espalda.

En Pilates hacemos algo muy diferente.

Durante la clase llevamos conscientemente nuestra atención hacia la respiración y la coordinamos con el movimiento.

Y esto puede ayudarnos a favorecer la concentración, relajar musculatura, reducir tensiones y mejorar la movilidad de la caja torácica y de la columna.

Por eso la respiración ha sido desde los orígenes uno de los principios fundamentales del método Pilates.

¿Cómo respiramos en Pilates?

Aquí viene esa indicación que probablemente hayas escuchado más de una vez:

“Lleva el aire hacia las costillas.”

Evidentemente, el aire no va literalmente a las costillas 😉

Lo que buscamos es expandir la caja torácica en diferentes direcciones, prestando especial atención a abrir las costillas hacia los lados y hacia atrás.

Es lo que conocemos como respiración tridimensional o posterolateral.

Al inhalar, imagina que tus costillas se separan ligeramente y crean espacio.

Al exhalar ocurre otra parte muy interesante del trabajo.

Buscamos conectar conscientemente primero con el suelo pélvico y después con la musculatura profunda del abdomen.

Y aquí empieza a entenderse por qué respirar correctamente tiene tanta importancia en Pilates.

Tu abdomen profundo también participa cuando respiras

Hay músculos que quizá no ves frente al espejo pero que tienen un papel importantísimo en cómo te mueves.

Uno de ellos es el transverso abdominal, la capa más profunda de nuestra musculatura abdominal.

Para entenderlo fácilmente, imagina que llevas puesto un corsé natural alrededor de la cintura.

Cuando exhalamos durante determinados ejercicios de Pilates buscamos activar conscientemente esta musculatura, junto con el suelo pélvico y otros músculos estabilizadores.

Todo este trabajo contribuye a dar soporte y estabilidad a la zona lumbar y a la pelvis durante el movimiento.

Por eso quizá alguna vez hayas escuchado a tu instructor decir:

“Suelta el aire y conecta el abdomen.”

No te lo dice simplemente para que metas barriga.

Hay mucho más sucediendo ahí dentro.

¿Y qué tiene que ver el suelo pélvico con respirar?

Muchísimo.

El suelo pélvico es el conjunto de músculos y ligamentos que cierra la parte inferior de nuestra pelvis y ayuda, entre otras funciones, a sostener los órganos pélvicos.

Cuando respiramos y nos movemos, diafragma, suelo pélvico y musculatura profunda del abdomen trabajan de manera coordinada.

Por eso en Pilates prestamos tanta atención a esa conexión.

Y especialmente a partir de determinadas etapas de la vida, aprender a reconocer y trabajar esta musculatura puede ser muy interesante tanto para mujeres como para hombres.

Respirar bien también puede ayudarte a soltar tensión

Pero no todo es abdomen, estabilidad y musculatura.

Hay otro beneficio de la respiración consciente que probablemente hayas experimentado sin darte cuenta.

Llegas a clase después de un día complicado.

La cabeza va a mil.

Empiezas a moverte.

  • Inhalas.

  • Exhalas.

  • Vuelves a inhalar.

  • Y, poco a poco, ocurre algo..

Durante una hora tu atención deja de estar fuera y vuelve a tu cuerpo.

La respiración consciente puede ayudar a regular el estrés y la ansiedad, favorecer la concentración y relajar musculatura que mantenemos innecesariamente tensa.

Quizá por eso hay días en los que terminas Pilates y no solamente notas diferente la espalda.

También parece que la cabeza pesa un poquito menos.

¿Tengo que respirar así durante todo el día?

No.

Y esta parte también es importante.

La respiración que utilizamos durante una clase de Pilates es consciente y está asociada a la práctica del método.

No tienes que pasar el resto del día pensando continuamente cuándo inhalar, cuándo exhalar o cómo colocar las costillas.

Existen diferentes maneras de respirar y cada una puede ser adecuada para situaciones distintas.

En Pilates utilizamos la respiración como una herramienta más para ayudarte a conocer tu cuerpo y moverte con mayor conciencia.

La próxima vez que estés en clase, haz esta prueba

En lugar de pensar únicamente en llegar más lejos con el movimiento o conseguir que el ejercicio salga perfecto, durante unos minutos presta atención a una sola cosa:

tu respiración.

Siente cómo se abren tus costillas al inhalar.

Observa qué ocurre en tu abdomen cuando exhalas.

Intenta que los hombros permanezcan relajados.

Y coordina el aire con el movimiento.

Quizá descubras que ese ejercicio que llevas haciendo semanas se siente completamente diferente.

Porque uno de los grandes aprendizajes de Pilates es precisamente ese:

cuanto más conoces tu cuerpo, mejor aprendes a cuidarlo.

¿Quieres descubrirlo?

Busca tu centro Pilates10 más cercano y ven a probar una de nuestras clases.

Un solo cuerpo, cuídalo bien. 🧡

Montse Pujol
Responsable Marketing Digital y SEO Pilates10
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